Adaptación escolar consciente, respetada y acompañada

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Faltan pocos días para que los niños empiecen el curso escolar. Los más pequeñitos a la escuela infantil y a partir de los 3 años al colegio.

Algunos de ellos empezarán con 5 meses y otros con 6 años. Muchos empezarán por primera vez y muchos otros ya habrán ido otros años, pero lo que todos ellos sin excepción necesitan, es un periodo de adaptación.

Cada vez más, existen colegios que apuestan por una adaptación real, con niños felices en sus aulas y con cero llantos. Estas escuelas saben que una buena adaptación es la base para iniciar bien el curso, porque son muchos los días y muchas las horas que los pequeños van a pasar allí.

En cambio, la mayoría no hacen adaptación o es escasa. Este tipo de “adaptación” suele consistir en que el adulto de referencia (madre, padre, abuelos, etc.) que lleva al niño al colegio, se queda 10 minutos con el niño en el aula. O quizás sea que el primer día están dos horas con los padres, al siguiente día ya está el niño solo 3 horas y el tercero ya se les deja durante todo el horario. Otras escuelas citan a la mitad de los niños un día y al siguiente a la otra mitad para juntarlos a todos el tercer día. Y nada de esto se puede considerar una adaptación consciente, respetada y acompañada; una adaptación real.

 

¿Cómo es la adaptación escolar ideal?

Una adaptación consciente y de calidad consiste en dejar que el adulto de referencia se quede en el aula. Y acompañar al niño, darle seguridad, tranquilidad y ofrecerle oportunidades para crear vínculo con esa persona que aún no conoce, su maestra/o. Darle confianza para compartir espacio con otros niños que se encuentran allí y que probablemente tampoco conoce. No es necesario intervenir en el juego, para eso ya está la/el maestra/o o educador/a. Pero estar presente y acompañarle en sus emociones. Porque sí, es un momento muy brutal emocionalmente hablando como para que nos los arrebaten de las manos y pretendamos que ellos se queden tan felices.

Dependiendo del carácter del niño, de como afronte el estrés que comporta la separación de sus padres y el inicio del cole, de su madurez o de las circunstancias particulares, habrá niños que se adapten rapidísimo y otros que necesiten más tiempo.

Cualquier caso, es absolutamente normal siempre que respetemos sus ritmos y no los nuestros, con nuestras prisas y nuestros quehaceres.

Esto no quiere decir que no sea consciente de que a veces no nos podemos permitir estar un mes en el aula con nuestros hijos porque tenemos que trabajar. Si no se puede y nadie más puede acompañar al niño, no se puede. Pero si se quiere y nos lo podemos compaginar, que no sea porque “no nos dejen”.

 

¿Porqué no se hacen adaptaciones reales en todos los colegios?

Claro está que hacer una adaptación adecuada es beneficioso tanto para el niño, como para sus padres y profesores y personal del centro. Pero claro está que esto no conviene.

La adaptación real no conviene porque eso significaría en primer lugar, poner las vivencias del niño en el centro y huir del adultocentrismo tan arraigado que tenemos en esta sociedad. También se tendría que dar a las familias opciones que faciliten el acompañamiento del niño, es decir, días libres u adaptación de horarios en el trabajo. Y eso muchas empresas no estarían dispuestas a hacerlo. También muchos coles son reacios, no lo consideran importante o les incomoda que los padres estemos allí observando. Por último, muchos adultos consideran que es una tontería y dicen cosas como: “toda la vida se ha hecho así y no ha pasado nada”.

Esto último me indigna muchísimo, porque sí que pasa. Pasa que hay unas consecuencias en la formación de cada niño y condicionan al ser adulto. Pasa que algunos aún no se han sentido removidos por dentro, pero otros sí. Y teniendo la información y la posibilidad de hacerlo mejor, ¿porque seguir haciéndolo mal porque es lo que se ha hecho siempre? Eso no es progreso. No podemos conformarnos con algo que nos chirría y menos cuando se trata de nuestros hijos, el futuro.

 

¿Qué podemos hacer para conseguir la adaptación que todos necesitamos?

Para poder obtener un cambio, somos los padres los que tenemos que luchar y hablar. Porque normalizar algo que podemos cambiar y mejorar y no hacer absolutamente nada es lo peor que podemos hacer.

Para poder realizar cambios, para que nos tengan en cuenta como familias y sobre todo, para que se tengan en cuenta las necesidades de los niños, lo más importante es hablar, hablar y hablar y no conformarse. No me gusta el: “es lo que hay”. No quiero educar a mi hijo en el conformismo y menos cuando se trata de temas que le afectan a él.

Hablando se ponen de manifiesto las necesidades de las familias y cuando la necesidad es generalizada, se pueden conseguir cambios. Porque sí, las administraciones son las que son, pero en el corto periodo de tiempo en el que soy madre y trato con el personal de la escuela infantil de mi hijo, veo que hay interés, que hay intención y que ellos también quieren lo mejor para nuestros [email protected] Los directores, educadores y personal general del centro son un pilar fundamental que siempre velan por los niñ@s. Y si podemos explicarles nuestras inquietudes con respecto al tema de la adaptación, como mínimo nos sentiremos escuchados y tendrán en cuenta nuestra necesidad.

Además, cuando las adaptaciones van bien y no hay llantos, también es mucho más fácil para el personal docente. 

 

Así que tanto familias como docentes, hablemos y creemos necesidades. La necesidad de una adaptación escolar acompañada, consciente y respetada.

 

 

¿Qué puede ocurrir cuando los niños no se adaptan?

Que no exista una adaptación conlleva consecuencias. Además del llanto desconsolado y esas miradas de impotencia que nos desgarran el alma, pueden aparecer problemas.

También me gustaría destacar que el que un niño no llore o llore muy poco durante el inicio escolar, no tiene porque significar que se haya adaptado rápidamente (que sí puede ser). En ocasiones los niños que no lloran echan de menos a sus padres igual que los que lloran desconsoladamente, pero lo demuestran de otras maneras:

  • Puede ser que los niños que no lloran somaticen y estén enfermos constantemente. 
  • Puede que se observen retrocesos, por ejemplo, en control de esfínteres y sobre todo en actividades para las que ya eran autónomos (comer, vestirse, etc.) 
  • Otros niños empiezan a hacer rabietas por todo y sus padres no encuentran el motivo aparente.
  • Quizás, algunos niños pierdan el apetito durante un tiempo. ¿Y es que acaso nunca os ha pasado estar nerviosos por algo y no tener hambre? Este es el mismo caso.
  • Reclamo excesivo de atención o mamitis. Es posible que algunos niños intenten compensar el tiempo que están sin sus padres, reclamando su atención constantemente y aprovechando el rato que pasan con ellos. Y por cierto, para mí la mamitis es buena y maravillosa, aunque parece ser que está mal vista.

 

La mochila emocional de los padres

Como ya sabéis, el papel de los padres en todo el proceso de adaptación es fundamental. Pero no les podemos ayudar si nosotros no estamos bien.

En ocasiones el inicio escolar supone una gran removida para los padres. Quizás porque algunos tampoco tuvimos esa adaptación y lo pasamos mal cuando éramos niños. O porque nunca nos hemos separado de nuestro hijo, pero no tenemos más alternativas. En todo caso esto también puede suponer nerviosismo y malestar que podemos transmitir a nuestros hijos y así el proceso se complica.

Sí es tu caso y el comienzo de la escuela te genera un estrés, te recomiendo que empieces por ti mismo/a, identifiques como te sientes y actúes desde la tranquilidad y la serenidad. Y si es necesario, déjate aconsejar por un profesional en estos temas para poder acompañar tus emociones y puedas también acompañar de forma positiva las emociones de tus hijos.

 

Te deseo un feliz y respetado inicio escolar, tanto si es vuestra primera vez como si no. Te doy todo mi apoyo y toda mi fuerza para que lo paséis de la mejor forma posible. Y te animo a reivindicar una adaptación escolar para nuestros hijos. Porque el cambio empieza en nosotros.

Tus experiencias son bienvenidas en este blog. ¡Cuéntanoslas!

Verónica Padilla

Me llamo Verónica y soy Terapeuta Ocupacional de profesión. Pero mi verdadera vocación es ser la mamá de un maravilloso niño de 2 añitos y medio.

Amante de todas las cosas bonitas, entusiasta y apasionada de todo este mundo que me ofrece la maternidad y la crianza.

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