Mindfulness para madres. Qué es y por qué lo necesitas.

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Pilar y yo nos conocimos en un grupo de madres emprendedoras. Tanto ella como yo, hemos visto necesaria la tan ansiada conciliación que no existe en la gran mayoría de las empresas, aunque nos vendan lo contrario. Por ese motivo, ambas hemos decidido emprender y nuestros caminos se han cruzado en el momento más acertado.

En mi vida como madre he aprendido mucho. Mucho y bonito, porque la maternidad me ha abierto los ojos a un mundo mejor y maravilloso. Un camino para acompañar a mi hijo, junto a mi gran aliado y compañero, mi marido. Es un camino fluctuante ya que a veces es llano y tranquilo, pero a veces también es escarpado y montañoso. Y esto, no resulta fácil.

Nuestro objetivo como padres es poder ser el mejor ejemplo para nuestro hijo y es por eso que consideramos fundamental en nuestras vidas trabajar la inteligencia emocional, igual que trabajamos otros aspectos de nuestro cuerpo.

Así, descubrimos el mindfulnes o atención consciente y los beneficios que podía aportarnos para vivir el presente de manera consciente, disfrutando y saboreando cada momento, sin caer en los enfados innecesarios. Y por supuesto, ser felices dentro de nuestra propia definición de felicidad.

Pilar es experta en el mindfulness, una práctica de entrenamiento mental que nos puede servir de gran ayuda en los momentos de mayor estrés y/o descontrol de nuestras emociones. Y en esta entrada, Pilar te va a dar las claves para que tú como madre, puedas practicar la consciencia plena para sobrellevar tus días de la manera más placentera posible y poder así ser el mejor ejemplo para tus hijos.

Espero que te guste y me cuentes si has practicado estas técnicas de mindfulness en tu día a día y los beneficios que te ha aportado.

¡Nos leemos!

¿Por que mindfulness para madres?

Agradezco a Verónica su invitación a hablaros en este blog. Verónica y yo somos madres. En mi caso, dejé un trabajo por cuenta ajena porque ejercer de madre con “presencia” era una prioridad por diversas circunstancias. Si tienes hijos sabrás que ser madre hoy día es una realidad compleja y a veces complicada. Por ello, uno de nuestros retos debería ser el saber encontrar el equilibrio para manejar el día a día con todos sus acontecimientos, a la vez que transmitir a nuestros hijos las herramientas que les permitan a ellos aprender a gestionar sus conflictos y emociones conforme vayan creciendo.

El equilibrio no es fácil de lograr y de hecho suele ser un equilibrio inestable. Para acercarnos a él uno de los mejores maestros que conozco y al que me he acercado gracias a mindfulness, es el silencio:

  • Silencio para parar nuestro ritmo frenético.
  • Silencio para escuchar cómo está nuestro cuerpo y nuestra mente.
  • Silencio para escuchar a nuestros hijos de verdad y no sólo a medias.
  • Silencio para contactar con nuestras necesidades y las de nuestros hijos en esta realidad cambiante.

Por más que el mundo evolucione y cambie, las necesidades básicas varían poco: amar y que nos amen, escuchar y que nos escuchen, abrazar y que nos abracen, conectar con quienes somos para poder conectar con los demás. Y esto a veces no es fácil entre tanto ruido (externo y mental).

El silencio como base

Te propongo que participes conmigo en unas pequeñas actividades para que al finalizar tu lectura te quedes con algo más que mis palabras. Tómate unos minutos y trata de responder a estas preguntas:

  • ¿Cuándo fue la última vez que estuviste en silencio?
  • Cuando estás sola, ¿dedicas algo de tiempo a escucharte?
  • ¿Eres consciente en tu día a día de cómo está tu cuerpo?

•Cuando estás con tus hijos, ¿cómo respondes normalmente a sus demandas, con el piloto automático (de manera reactiva) o de forma consciente?

Sólo en el silencio nos escuchamos realmente.

Hay muchas maneras de cultivar el silencio. La que a mí me ayuda es la práctica de mindfulness (o atención plena en español). Mindfulness no es más que la cualidad o habilidad que todos tenemos de prestar atención al momento presente sin juzgar. Y es una cualidad que se puede entrenar.

Empieza por ti

De todos los beneficios que mindfulness tiene para una misma, quiero destacar los que tiene para la familia. Cuando empecé a practicar notaba que el ambiente en casa cambiaba (a mejor) sin necesidad de que los demás practicaran. ¿Por qué? Está claro, que cuando una persona cambia su actitud, esto se refleja en su relación con los demás. Ya decía ¿Gandhi? Sé el cambio que quieres ver en el mundo

Por esta razón, como madre, creo que antes de apuntar a nuestros hijos a talleres de mindfulness o inteligencia emocional, debemos hacerlo nosotras. De hecho, yo empecé porque una psicóloga introdujo a mi hijo la práctica. Y existen muchos programas para niños en los que hay sesiones para padres y/o en familia.

Para las madres es una práctica muy útil, pues nos ayuda a atender, entender y resolver cada situación que se da con nuestros hijos (y entre ellos) a lo largo del día. No es lo mismo atender las distintas situaciones con una reactividad que nos lleva a tener reacciones de las que nos podemos incluso arrepentir, que dar una respuesta desde la atención y la consciencia, sin dejarnos llevar por juicios, creencias o automatismos. Se trata de cultivar la presencia con ellos. Y seguro que sabes de lo que hablo si piensas cómo de manera intuitiva miramos a nuestros hijos como si no existiera el tiempo o como cuando abrazamos a nuestro bebé y sentimos su cuerpo con el nuestro y todo está bien así.

Herramientas mindfulness para tu día a día

La herramienta que utiliza mindfulness para entrenar la mente es la meditación, que puede ser formal (sentada o acostada) o informal (poner atención a alguna actividad cotidiana).

Para empezar con una práctica formal, te invito a participar en algún curso o grupo presencial, a seguir a profesionales on-line o la lectura de algún libro con audios, dependiendo de tus circunstancias.

Y como prácticas informales que puedes llevar a cabo sola o con tus hijos, te propongo las siguientes:

  • Mientras vas al trabajo, sea en coche, en transporte público o andando: en lugar de ir “pensando sin pensar”, en piloto automático, fíjate en lo que hay a tu alrededor, mira bien y atentamente los colores, las formas, escucha los sonidos, nota tu cuerpo.
  • Al hacer las tareas de casa, como la comida, pon atención a tus gestos y movimientos: cómo tu mano coge los diferentes ingredientes, siente su olor y su textura, observa el color de los alimentos, el aroma al cocinarlos,…
  • Acostada siente tu respiración, cómo sube y baja tu pecho, cómo entra y sale el aire por la nariz. Nota como el poner la atención en la respiración te va relajando.

¿Y con los niños?

Cuando tú has aprendido a estar más en calma, es fácil que puedas llevar a cabo sencillos gestos de presencia cuando estás con ellos:

  • Siéntate junto a él o ella cuando hace alguna actividad y simplemente quédate a su lado en silencio, observándole, sin pensar en nada concreto, sin juzgar. Siente su presencia y deja que note la tuya.
  • Respirad juntos: al acostarlos o en cualquier momento del día, acompáñales en su  respiración. Puedes ponerles un peluche ligero sobre la barriga para que noten cómo sube y baja al respirar. Haced juntos varias respiraciones profundas en silencio (si tienes que dirigir la respiración, sólo ellos en silencio). Si quieren comentar cómo se sienten, dedicad unos minutos después del ejercicio.
  • El haber practicado la respiración de esa manera te puede ayudar cuando están nerviosos o furiosos por algo. Recuérdales el momento de la respiración para ayudarles a relajarse y tomar distancia del suceso. Que aprendan a responder sin reaccionar.
  • La escucha activa. Depende de la edad será diferente. Para pequeños, basta con que te pongas a su altura y les mires cuando te cuentan algo, aunque no lo entiendas, con gestos de que les sigues. A los más mayores e incluso pre-adolescentes, ofréceles un espacio de escucha. Por ejemplo, dile que tienes diez minutos para que digan todo lo que quieran. Puedes sentirse alucinados al principio. Y durante ese tiempo no puedes ni reñir, ni juzgar ni comentar. Sólo escucha. Hazle sentir que es escuchado.
  • Procura, en la medida que tus circunstancias te lo permitan, estar con ellos al menos un rato al día sin que tengas nada más qué hacer. Por ejemplo, podéis leer juntos el mismo libro, cada uno una página, o podéis cocinar a cuatro manos, o dibujar un mandala, o simplemente estar sentados uno junto al otro disfrutando de la compañía.
  • Observar con ellos cosas nuevas. A mí me agobiaba la curiosidad de mi hijo menor cuando íbamos camino del colegio. Se paraba y tenía que tirar de él para no llegar tarde. Ahora salimos antes de casa y eso nos da unos minutos para poder mirar los árboles que cambian de hoja, un escaparate que ha cambiado, el frío que hace que salga “vapor” de la boca….
  • Otra manera de practicar la atención con ellos es cultivar una semilla e ir observando cada semana cómo crece la planta. Toda actividad que implique cuidado y observación son buenas, sobre todo si las hacéis juntos.
  • Durante la cena, cada miembro de la familia dice algo bueno que le haya ocurrido, algo que haya hecho por alguien y algo del hermano u otro miembro de la familia. No es sólo para trabajar los valores. Desde el punto de vista de mindfulness, se trata de saber estar atento durante el día para por la noche poder hablar sobre ese hecho y lo que le ha hecho sentir a cada uno.
  • Compartir alguna meditación guiada con ellos. Poner un audio sencillo, para niños, y meditar juntos.

Existen muchas maneras de “estar presentes” con nuestros hijos. Cada mañana antes de levantarte decide una que quieras levar a cabo ese día.

Con mindfulness puede que te enfades menos, pero te enfadarás cuando tengas que enfadarte. Y serás menos reactiva. Aprenderás a ir con más calma, a ponerte menos nerviosa en determinadas situaciones que con niños pueden ser estresantes. Y sobre todo, enseñarás a tus hijos una manera de ver la vida y de estar en el mundo más consciente. Dando valor a lo que lo tiene, sabiendo observar la realidad tal cual es.

Si empiezas ahora, poco a poco irás ampliando estas prácticas a los diferentes momentos cotidianos, para ejercitar tu capacidad de estar presente en tu vida y en la de tus hijos.

Por que en esencia, la practica de mindfulness nos ayuda a

  • estar conectadas con lo que hay, no con lo que fue o con lo que nos gustaría que fuera,
  • a enfocarnos en las experiencias reales, tal como son, sin juzgar,
  • a reconocer lo que ocurre tanto dentro como fuera de nosotras,
  • a conectar con la madre que somos en realidad y con el hijo que tenemos, sea como sea.
“Si quieres compartir exitosamente la plena consciencia con tus hijos, debes antes ejercitarlo contigo. Tu presencia, tu calma y tu paz son los mejores regalos que puedes ofrecer a los más pequeños. Solo podrás crear una familia feliz y regar las cualidades positivas de tus hijos y de tu familia, cuando te sienas estable, feliz y rebosante de compasión. (…) Para abordar compasivamente el sufrimiento de tus hijos necesitas una práctica que te ayude a gestionar de manera inteligente tus emociones y tu sufrimiento.”

Thich Nhat Hanh (Maestro budista) en “Plantando semillas. La práctica del mindfulness con niños”. Ed. Kairós

Pilar Navarro

Soy Pilar Navarro, madre y emprendedora, por ese orden (cronológicamente hablando). Con mi carrera de Economía bajo el brazo me sumergí en el entramado de la Unión Europea trabajando en distintas organizaciones. Hace un tiempo decidí que ya estaba bien de correr todo el día. Quería conciliar y dedicarme a mi familia sin dejar de trabajar. Lo dejé todo. A través del mindfulness hice un importante trabajo de autoconocimiento y desarrollo personal, hasta convertirlo en mi actual actividad profesional. Desde http://www.pilarncolorado.com intento difundir las bondades y beneficios del mindfulness.

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