Mi parto no fue cómo yo me esperaba.

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Ya os conté aquí que mi parto no fue cómo yo me esperaba. No dejaron que mi hijo decidiera nacer y me indujeron el parto.

Todo salió bien, y me alegro por eso. Pero a diferencia de lo que me decían, no todos estábamos bien. Yo no. Además de tener una raja muy dolorosa en mi vientre, el dolor que sentía mi alma era aún más intenso.

Durante muchos días me sentí culpable por no estar eufórica de alegría de tener a mi bebé entre mis brazos. Sólo tenía ganas de llorar. Tampoco la gente de mi alrededor me entendía y aunque intentaban animarme y hacerme ver el lado bueno de lo sucedido, no me estaban ayudando.

Ahora me doy cuenta de qué lo que yo sentí y siento, es algo natural y normal. Pero muchos de nosotros no estamos preparados para acompañar el dolor y el llanto. Nos sentimos incomodos acompañando emocionalmente. Y es tremendamente importante legitimar a la madre que está sufriendo por no haber tenido el parto que quería.

Por suerte, aunque mi parto fue por cesárea, no tuve violencia obstétrica.Yo no, pero sí muchísimas mujeres lo han sufrido y no debemos permitirlo.

Una historia para compartir

Una de esas mujeres que ha sufrido la violencia obstétrica en sus propias carnes es Andrea del blog La mamá de Delfín.

Ella es una madre luchadora que quiere gritar a los cuatro vientos para que ninguna otra mujer tenga que pasar por esa situación y que los partos sean siempre respetados. Por eso, escribe esta emotiva entrada hablando de su experiencia y en la que comparte un interesante video de la genial Miriam Tirado.

Os dejo con su historia y espero que os emocione tanto cómo a mí:

 

La violencia obstétrica está presente

Llevo unas semanas dándole vueltas a un tema muy delicado y hoy después de releer los post de mis partos me lanzo a escribir sobre ello.
 Ahora sé que mucho tiene que ver el tipo de parto que hayas tenido con el postparto que tendrás después.
Después de casi tres años desde que nació Delfinete entiendo muchas de las cosas que sentía durante los meses siguientes.
Y es que, si no has tenido el tipo de parto de querías, ni si quiera se ha parecido un poquito a lo que esperabas, tienes que pasar un duelo.
Y hay que llorar ese duelo.
Que casualidad que hoy mismo, echándole un vistazo a los vídeos de Míriam Tirado, he visto uno que hablaba precisamente de esto, de cuando las mujeres no tenemos el tipo de parto que habíamos imaginado.
Además hace un par de semanas comentaba con otra mami este mismo tema. Y me dió qué pensar. Ella también tuvo un parto que no esperaba. Y también coincidía en que eso influyó en su puerperio.
Me alivió mucho saber que hay muchas madres que pasan por lo mismo. Como siempre digo, no estamos solas. Muchas mujeres pasamos por lo mismo.
Después de estos casi tres años de maternidad todavía alucino cómo sigo “revolviendo” en el pasado. Sigo dándole vueltas a por qué no hice esto o aquello durante el parto, por qué no dije esto otro, por qué no me negué, por qué aguanté tanto …
Supongo que siempre es lo mismo: falta de seguridad en una misma, falta de apoyo emocional, falta de profesionales empáticos, falta de información.
Pienso en mis dos partos y tengo una espinita clavada. No he tenido el tipo de parto que yo quería.
No han sido partos espontáneos.
Han sido inducidos, los dos.
No han sido respetados.
Han sido partos medicalizados.
No han sido partos naturales.
Han sido partos eutócicos, vaginales, si, pero no han sido partos en los que se haya respetado el ritmo de mi cuerpo.
Podría haberse hecho de otra manera.
Podrían haber esperado a ponerme de parto en vez de empezar con tanta medicación desde el principio.
El parto de Delfinete podría haber sido mas intimo, sin tanta intrusión en el paritorio, como el de Unai.
Podrían haber sido partos mas tranquilos.
Podrían haber sido partos menos medicalizados, mas conscientes.
Podrían haber sido mas libres.
El primer parto podría haber tenido menos faltas de respeto por parte de la ginecóloga de turno.
Podría haberse ahorrado ese comentario que me llenó de miedo.
Podría haberse ahorrado el intento de hacerme la Maniobra de Kristeller.
Se podría haber ido a la mierda.
En fin…
Delfín siempre me dice que tenemos que estar agradecidos porque todo salió bien. Los niños salieron bien, yo quedé bien.
Lo que dice es cierto en parte. Tiene toda la razón en alegrarnos por los dos bebés sanos.
Pero yo no quedé bien.
A mí me quedó un miedo horrible, una sensación de rechazo y culpabilidad al mismo tiempo.
Me quedó también una falta de confianza en mí misma muy grande.
Pero claro, esas “heridas” internas no se ven. Solo se sienten. Solo las siente una misma en silencio.
Además, ¿qué hago yo con todo el dolor de mi corazón por no haber tenido unos partos como yo quería? .
No puedo obviar esa parte. Porque eso es lo que sentí y lo que todavía aún siento.
No puedo negar que siento ese dolor, esa pena, esa espinita clavada.
Así que ahora comprendo los primeros meses de mi postparto tan duros y tristes.
Estaba cuidando y criando a un recién nacido sin saber cómo y estaba pasando por un duelo de un parto no deseado.
Ahora entiendo que las lágrimas que soltaba estaban cargadas del dolor del parto.
Esa fue mi manera de expresar ese dolor.
En mi primer parto hubo Violencia Obstétrica. La ginecóloga esa que quiso subirse en mi barriga sin mi consentimiento intentó acelerar el proceso de parto de una manera inhumana. Esa misma que me amenazó con hacerme una cesárea si no pujaba mejor.
Ahora me arrepiento de no haber puesto una queja a esa persona.
Además dejaron entrar a un grupo de cuatro o cinco personas que estaban en prácticas sin preguntarme antes. Estaba en pleno proceso de expulsivo, en el paritorio, en un momento crítico.
Pero claro, yo no había oído hablar de la Violencia Obstétrica, ni se me pasó por la cabeza quejarme, ni nada de nada.
¡Mujeres del mundo que váis a dar a luz!: no dejéis que nadie os humille, os avergüence, se meta con vosotras, os conteste mal, os haga cualquier procedimiento sin vuestro permiso, os separe de [email protected] acompañante o bebé sin ser necesario, no dejeis que nadie os haga sentir mal.
Y si os pasa y en ese momento no estáis en condiciones de reclamar o quejaros, hacedlo después. No lo dejéis pasar.
Debemos cambiar el prisma con el que se atienden la mayoría de los partos.
Menos mal, quiero creer que cada vez mas, hay profesionales de la salud formados y que creen en un parto mas respetado.
Ese ha sido el caso de las dos matronas que atendieron mis partos.
Dos profesionales que solo tuvieron palabras de ánimo y de apoyo. Que supieron evitar las prisas y escuchar el ritmo de mi cuerpo. Que cuando entré en bloqueo supieron sacarme de esa situación.
María, la matrona que atendió el parto de Delfinete, que supo intervenir cuando la ginecóloga sacó su mala leche, cuando entró el grupo de prácticas.
Y gracias a la auxiliar que me daba sorbitos de Aquarius y me mojaba los labios con vaselina, que fue toda ternura y amor.
Y la matrona del parto de Unai que cuando me vio la cara de susto al decirme que me tenían que inducir el parto me dijo que confiara en mi. La misma que me indicaba cuando empujar y me untaba bien de lubricante para no desgarrarme.
Hay un millón de historias diferentes,de partos diferentes, de mujeres diferentes. Y un millón de historias no contadas, no lloradas y no expresadas.
La violencia obstétrica está muy presente, por desgracia, en la mayoría de los hospitales.
Esto tiene que cambiar.
Da igual que queramos epidural o no, que aceptemos la oxitocina o no, que queramos parir de pie, a cuatro patas o tumbadas, que gritemos, que lloremos o que llamemos a voces a nuestra madre … si es lo que queremos, si es lo que pedimos, nos deben RESPETAR nuestra decisión.
Hay que dar voz a todas esas vivencias difíciles.
Hay que apoyar a todas esas mujeres que hemos tenido un parto que no deseábamos.
Hay que cambiar el paradigma del parto actual.
Es difícil hablar de este tema. Me cuesta porque me remueve mucho.
Os dejo el enlace del video de Miriam Tirado, precioso, como siempre fantástica.
Gritemos por nuestro parto respetado igual que gritamos para traer al mundo a [email protected] [email protected]

Verónica Padilla

Me llamo Verónica y soy Terapeuta Ocupacional de profesión. Pero mi verdadera vocación es ser la mamá de un maravilloso niño de 1 añito y medio.

Amante de todas las cosas bonitas, entusiasta y apasionada de todo este mundo que me ofrece la maternidad y la crianza.

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